lunes 18 de mayo de 2009

Ayer...



Hoy el periodista Juan Cruz de El País me ha dado la peor noticia del día: ayer murió Mario Benedetti. Adiós al poeta del compromiso, titula el periodista. Estoy sobrecogida aún después de haber leído ese titular varias veces y haber mirado otras tantas la fotografía que ilustra la noticia en la primera, en blanco y negro con los ojos vidriosos y perdidos, quién sabe si buscando a Luz, que se apagó hace unos tres años. No solo era el poeta del compromiso, sino que lo era de los sentimientos más profundos, los más bellos y los más desgarradores... Sus versos, para mí, son genialidades melódicas, notas del corazón que buscan su pentagrama sin quererlo y fluyen acariciándonos el alma...


Ayer pasó el pasado lentamente
con su vacilación definitiva
sabiéndote infeliz y a la deriva
con tus dudas selladas en la frente.
Ayer pasó el pasado por el puente
y se llevó tu libertad cautiva
cambiando su silencio en carne viva
por tus leves alarmas de inocente.
Ayer pasó el pasado con su historia
y su deshilachada incertidumbre
con su huella de espanto y de reproche.
Fue haciendo del dolor una costumbre
sembrando de fracasos tu memoria
y dejándote a solas con la noche.


Mario Benedetti


sábado 16 de mayo de 2009

Que me lo quitan de las manosssssssssss


Hola a todos! Mi querida fisio, porque aunque ya no vaya a rehabilitación ella siempre será mi fisio que me ha tratado genial siempre y me ha visto el culo más veces casi ya que mi santa madre, en fin, a lo que voy, que mi fisio Lorena me ha pasado este blog, es de una amiga suya que hace pulseritas, anillos, collares. Echadle un vistacillo que tiene cosas monas. Pos na, solo eso, de momento, a ver si me recupero de lo mío y consigo escribir algo más.


Un besazo a todos/as

viernes 24 de abril de 2009

El Moreno de mi copla





Parecía una cabrita cuando me lo trajeron. Las patas muy largas, el cuerpecito diminuto, las barbas recortas… Era el más pequeño de su camada y el que tenía los ojos más alegres, por eso lo escogí, por su alegría y no me equivoqué porque durante los años que ha estado a nuestro lado nos ha dado muchas y nos ha hecho mucha compañía. Nunca pudimos imaginar que Desty, que así se llamaba este Schnauzer miniatura de pelo corto y negro, dejara tanta huella en nosotros.

Nació el 22 de diciembre del año 1996 y yo lo compré a un criadero en febrero del año siguiente. Lo trajeron con tres hermanos más y no tuve ninguna duda en escoger. Era el más trasto de todos. Nunca olvidaré el día que llegó… Era tan gracioso. Ese día durmió conmigo. Lo teníamos en la cocina y comenzó a llorar, lo cogí y lo metí en mi cama y desde entonces creo que han sido poquísimas las noches que ha dormido en la suya. Ni el día que se murió lo hizo en su cama.

Era un perro muy astuto, hiperactivo, cariñoso, pesado y tozudo. Decían que era un desobediente y es cierto. Un mimado y también lo es, pero no me pesa haberle “no educado”. Si volviera a tener perro lo haría exactamente igual. Él siempre hizo lo que quiso en casa, menos caca y pis. En eso siempre fue muy limpio. Pero por lo demás, siempre ha hecho lo que le daba la gana. Era el rey de la casa. Una vez, siendo aún un cachorro, nos dijo el veterinario que el perro nos tenía comido el coco a todos. Nos tenía robado el corazón. Tenía 12 años y hasta un mes antes de ponerse malito aún saltaba y jugaba como un cachorro. No paraba. Comprometía a cualquiera. Ladraba mucho, pero una vez se calmaba solo quería que lo acariciaras y jugaras con él.

Desde bien pequeño dejó claro que no le gustaba quedarse solo y bueno, las trastadas nos las hacía dobladas el tío. Te podías encontrar los edredones en el salón, la tierra de las macetas en el sofá, los zapatos tirados por toda la casa… Y para colmo cuando llegabas te ladraba durante un buen rato a modo de regañina… En verano, cuando me marchaba a estudiar a Irlanda no salía de mi habitación, el pobre. Siempre le llevaban al aeropuerto cuando regresaba y a mí me daba una alegría tremenda tener recibiéndome a mi Desty, al moreno de mi copla.



Realmente se llamaba Alton. Pero a mí ese nombre no me gustaba mucho y le puse Destiny, como el disco que sacó Gloria Estefan en 1996. Sin embargo respondía a ese y otros muchos: Moreno, Negrito, Negro, Barbas, Barbitas… El hortera de mi hermanastro se empeñó en que el perro se llamara Terminator… sin comentarios. El mamoneo que iba a haber en el barrio cuando lo llamáramos y apareciera semejante aceituna...

Decía mi tío Justo que al perro solo le faltaba hablar y que si él hubiera sabido que iba a ser tan listo que lo habría enseñado a hacer pis y caca en la taza del váter. Que ya me imaginaba yo al perro sentado en el trono con el cerrojo echado y leyendo la prensa con las gafas de mi madre. Me río yo de Pancho.

En Semana Santa se puso muy mal. Mira que mi madre le había hecho su traje de penitente con su cucurucho y todo, con lo que le gustaba disfrazarse… Lo tuvimos que llevar al veterinario y nos aconsejaron que lo ingresáramos en una clínica porque había que ponerle suero. Dijimos que no lo queríamos ingresar porque estábamos seguros de que entonces sí que el perro se iba a morir pero de pena y mi madre le pidió que nos enseñara a ponerle el suero. Y así pasó sus últimos días con una via y el suero puesto. La veterinaria decía que se iba a recuperar y para ello no se escatimó en pruebas y atenciones pero no aguantó y nos dejó a las cinco de la mañana del pasado martes 21 de abril. El día anterior le habían hecho una eco de todos los órganos y una analítica e inexplicablemente los resultados decían que el perro estaba perfectamente, pero Desty no comía, estaba sin comer desde el miércoles 8 de abril, lo único que tenía en el cuerpo era el suero y continuaba muy decaído. Le cambiaron la medicación pero yo en el fondo sabía que se moría y le dije a mi madre que no podía ver sufrir así al perro y que si no reaccionaba a la medicación nueva que lo mejor era que le pincharan y descansara. No dio tiempo, el lunes por la noche no aguantó más y nos dejó con una pena y un pesar en el corazón muy grande.

Ahora descansa en un huequito que mi tata y mi tío le ha dejado en su casa de campo, así continuará sin estar solo, siempre con nosotros, aunque ya no podamos achucharlo, ni tocar sus orejitas, ni jugar con él… Sin embargo, le tendremos siempre presente por todas las cosas que ha traído a nuestras vidas. Le echamos y le echaremos mucho de menos.





sábado 7 de marzo de 2009

Dedico este premio a mi vecina Paqui y a mi amiga Encanni!!!!!!!!



Ay, qué alegría! Qué bonito! Me han premiao! Xiquitas, mil gracias! Gracias por considerar este sitio especial. Para mi lo es y se creó con el fin de no dejar en el olvido momentos, historias, recuerdos... y compartirlos con la gente, que es una de las cosas que más me gusta de la vida. Desde Qué sabe nadieeeeeee!!!!!!! seguiremos intentando dejar a un lado las enrritaciones y ser felices, comer jamón y tener potencia.

Según Xiquitas, este premio se ha creado en reconocimiento a aquellos blogs que son especiales y por los que siento una predileccion personal. Las reglas de este tinglao son:


1-Exhibir la imagen identificatoria (si se desea)


2-Nombrar y linkear al blog que te lo dio.


3-Indicar los blogs que merezcan el galardón. Pa mi gusto Pablux (Invierno en Madrid), Novi (La casa de Novicia Dalila) y Soni (Mi cachito de intenné).


4-Avisar a los premiados.


Pos na, tomaros algo! Que os lo merecéis!


domingo 8 de febrero de 2009

Los jefes de la banda



Mi primer trabajo, al margen del estudio, consistió en echar una mano en la tienda de ultramarinos que mi padrastro tenía justo debajo de casa. Consistía en “mira, tú te pones aquí, -señalando un rincón donde apenas se me veía-, y cuando veas al Lolito que tiene mucha gente y no da abasto para atender a todas las marías, entonces sales. Vale? Ah! Y, de vez en cuando, coges un papel y un boli, te vas dando un paseo por los pasillos y apuntas lo que va faltando en las estanterías para después reponerlo. Eso es todo. ¿Lo has entendido?”Que si lo había entendido me decía el muy tonto… No tenían confianza en mí, tan solo mi madre y el Lolito dejaban que ayudara sin más, para que fuera haciéndome con los precios de los productos, las cantidades, sobre todo en la frutería, la caja… En fin, que me tenían allí de pintamonas y eso se acabó muy pronto porque una tiene su orgullo, pero lo que ayudó a que pisara cada vez menos aquel lugar fueron las salidas de tono del tonto de mi padrastro, cuyas bromas rozaban lo anormal. Era habitual ver volar una pata de gallina, un trozo de tocino, un cacho de carne picada al grito “eh!!!!!!!!!! Marías!!!!!!!!!!! Mirad qué género tengo hoy”.

En Navidad, encima del mostrador de la carne, poníamos una bandeja con polvorones para los clientes, el muy cerdo, los lanzaba, “Mira –decía una vez abierto uno y habiéndolo chupado- toma, pruébalo que este lleva chocolate” y lo lanzaba…

Mi madre comprendió muy bien mis cada vez más habituales ausencias y me propuso que diera clases de inglés a niños en casa: “mientras está en la tienda no te va a molestar, no te preocupes”. Y es que yo temía que mis futuros alumnos escucharan o vieran alguna perlita del colega y me quedara con la pizarra y las tizas sin estrenar. Solo tuve dos alumnas, una muy buena, a la otra, la pobre, le faltaban tres veranos y medio, era no prodigio. Terminé ayudándolas con otras asignaturas y la verdad es que no me importó diversificar.

Se terminó el curso y las clases particulares. El siguiente no pude seguir con mis niñas, ya que me habían llamado de un trabajo en Madrid y la jornada comenzaba después de clase. Tenía que salir escopetada desde el culo del mundo hasta el centro de Madrid. Pero lo que me encontré allí fue… fue… Aprendí mucho. Era una empresa dedicada a la energía solar, de lo que yo sabía un montón, claro, porque mi madre cuando yo era pequeña para dormirme, en lugar de cuentos o la Internacional, me contaba los misterios de la energía solar y los entresijos de las células fotovoltaicas. Toma! Bueno, que aprendí mucho y me reí otro tanto. Mis superiores eran: una loca, hija de un directivo de la compañía que solamente se dedicaba a leer la carta astral, escribir las malas vibraciones en un cuaderno con dibujos cuando iba al giñar y joder los ordenadores de toda la oficina. Otra era la caña, se sabía los nombres de todas las carreteras españolas, las nacionales, comarcales, radiales… Era enfermizo, cualquier comentario del tipo:

- ¿Qué tal el fin de semana?
- Bien, hemos estado en un pueblo de Segovia
- Ah, sí, cual, cual, cual??, cómo habéis ido, en coche??? En conche??

Cuando le decían el pueblo, entonces soltaba todas y cada una de las posibilidades que la red nacional de carreteras ofrecía para poder llegar al puto pueblo. Dios, era insoportable!
Dejé el trabajo por otro peor pagado pero que me tenía robado el corazón desde que era pequeña. La televisión. Entré de becaria en informativos de una cadena privada, en la sección de Internacional y allí me desengañé del medio y de la gente que trabajan para él. La tele me sigue apasionando pero los dueños de las cadenas han ido convirtiendo el medio en un criadero de buitres, una fábrica de vagos, chorizos y manipuladores. En informativos, aunque la cosa cambia, también te encuentras con no personas y no profesionales, pero yo tuve mucha suerte y siempre estaré muy agradecida. Mi jefe era un pedazo de profesional que nos ayudó a mí y a los de mi clase (porque siempre ha habido clases y hubo gente que nos lo hizo ver con mucha claridad…), además, era un hombre muy atractivo por lo que doble alegría. Lo malo? Pues que los becarios teníamos que demostrar casi que dormíamos allí en la redacción para que nos dejaran tocar algo… Si que es cierto, que en Internacional había otro trato y mis compis y yo hicimos grandes cosas. Al lado teníamos la sección de Nacional, uno de los jefes, El Mofeta, tenía en estado de alerta constante por intoxicación a todo el edificio, el muy cerdo. Recuerdo el escándalo político en la Comunidad de Madrid. Era el año 2003 y el asunto cada día iba tomando mayores magnitudes: tránsfugas, motivaciones urbanísticas, cruces de acusaciones… El coño la Bernarda, vamos. Y de ser un tema regional, saltó a copas las páginas de nacional de todos los medios. La comisión de investigación se seguía desde esa sección y el guarro del jefe, mientras los becarios picaban las declaraciones de los comparecientes, él se acercaba a comprobar que todo fuera bien, pero las distancias eran bien cortas y los pobres atufados por su fragor salvaje, iban adoptando un color de piel cada vez más verdoso.

Los días de tele se acabaron y comencé a buscar otra cosa. En poco tiempo ya tenía trabajo: era en una agencia de comunicación. Desde ese momento, las notas de prensa, ruedas de prensa, informes anuales, organización de todo tipo de eventos, y un largo etc. me acompañarían día y noche.

Los jefes que me encontré allí fueron unos auténticos hijos de puta. Si, con todas las letras. Había una que se dedicaba a faltar al respeto durante toda la jornada de trabajo a los demás. Te cruzabas con ella y te soltaba “buah, pero qué tipo de gente se contrata aquí? Cada vez vamos bajando el listón: con esa cara y esa ropa más bien parece esto el metro, qué asco!”. Las perlitas eran de este estilo siempre.

Otro de ellos (había un huevo de jefes, lo que más abundaban eran los jefes y los becarios), tenía a dos personas a su cargo, mientras él se tiraba a una de ellas, la otra hacía el trabajo de los tres y las palmaditas y enhorabuenas se las llevaban los dos cabrones. A todo esto, él estaba intentando volver con su mujer.

Mi jefa directa era como la mermelada de fresa, pero cuando te dabas la vuelta o se cruzaba con otros jefes, la poseía la guarra que he mencionado antes. Era lo peor, había llegado allí en plan enchufe y no hacía nada. Tenía un equipo estupendo, unas currantas las dos, así que yo me refugié en ellas y pronto me acostumbré a aguantar porque de momento, era lo que había.

Y la jefa suprema? Esta si que no tenía desperdicio. Era el temor de las secretarias, yo creo que las coleccionaba y tenía un cuarto oscuro donde escondía su macabra exposición: primero las volvía locas con sus caprichos, luego las obligaba a suicidarse y después las disecaba y exponía en una especie de sala con cortinas de terciopelo rojo y ribetes dorados…

Bueno, bueno, como vivía al lado de la oficina, era habitual que se paseara por allí en bata guata y con los rulos puestos. Un cuadro, vamos.

Dejé ese trabajo para marcharme a una intermediaria financiera. El departamento de comunicación era yo y yo misma. Tuve que ganarme a la gente a golpe de esfuerzos y buenos resultados, ya que, la enchufada del curro era yo. Poco a poco me fueron dando más funciones y de responsable del departamento de comunicación, pasé a ser también responsable del departamento de expansión y además de colocar a la empresa como habitual de las secciones financieras y del sector franquicias de los medios especializados y generales de este país, abrí las suficientes sucursales para que, meses después, comprara la compañía un gran banco.

Eso por un lado me enorgullecía enormemente, sin embargo, las relaciones de la plantilla con el jefe de la banda dejaban mucho que desear. Era un niñato sin experiencia, el padre le había puesto el negocio y él se dedicaba a ir a la oficina a “primera hora”, como decía, y se presentaba a las once de la mañana. La madre le llevaba el desayuno al despacho cuando no desayunaba en casa “tomándose los crispis y viendo los dibujos, enseguida le plancho el traje y va para la oficina”…

Era el listo de la clase, pero más tonto no podía ser, el pobre. El mundo de mi jefe lo componían sus trajes y zapatos caros, su impresionante deportivo y los caprichos de su novia. El trabajo era secundario porque estábamos los demás para resolver. Había semanas que ni aparecía por la oficina. Así que esta situación desembocó en un ambiente hostil para con él. La plantilla éramos una piña y a él le perdimos el poco respeto que le teníamos. Poníamos fotos de Gizmo, el gremlin bueno, en la pared y le decíamos: “Mira, este eres tu -y, señalando a otra foto del gremlin malo, comentábamos- y este es tu hermano Rayita”. Las comidas suponían un infierno para él porque estaba acostumbrado a desacreditar a los demás pero no se esperaba nuestro “todos para uno…”, con lo que se las devolvíamos dobladas. El cachondeo padre fue un día, que se acercó a mi mesa un compañero y me dijo en voz baja, “ven al despacho del Niñato”. Nos dirigimos los dos sigilosamente, dimos la luz, entramos y nos encontramos una mesa completamente destartalada, todos los objetos habían sido apartados bruscamente y, en medio de la mesa… la señal de un CULO! Ahhhhhhhhhhhhhhhhjajjajajjajjajajjajajjaa! Aquella imagen fue acompañada por el comentario de mi compañero que solo se le ocurrió decir “aquí han follao, tia!”.

A mí no me renovó el contrato y me fui a la calle y los demás, poco a poco fueron saliendo del chiringo, una vez lo vendió a aquel banco. De las negociaciones de la venta, no dio ninguna información a nadie, la situación era muy delicada porque mis ya ex compis se veían ante un futuro incierto que se precipitaba según avanzaban las semanas. Increíble.

Pasó un mes y encontré un nuevo trabajo, era en una agencia de comunicación nuevamente. Estaba muy feliz. Las relaciones con los medios eran buenas, con los clientes geniales y con mis compañeros y jefe más directo, extraordinarias. Pero uno de los socios/jefazos, dejaba entrever algo extraño. Era pedante, elitista y arrogante, pero se podía llevar fácil. Sin embargo un día, la patata nos estalló en las manos y el pedante, elitista y arrogante era todo eso y además un hijo de la gran puta que humillaba a su gente haciéndoles el vacío, poniendo en duda la profesionalidad, gritándoles delante de quien fuera por cualquier motivo… Cada semana la cogía con alguien y toda su mala uva la descargaba con esa persona. Cuando se le pasaban los episodios psicóticos, nos traía churros o cruasanes para desayunar cubierto por sus boinas, txapelas o sombreros y envuelto en su gabardina beige a lo Bogart. Sus despedidas eran muy graciosas: “Nunca os olvidaré”, nos decía al tiempo que se ponía el sombrero. Mira que es tonto! Y las risas que nos hemos echado a su costa…

Habituales eran también los comentarios: “me tenéis hasta la punta de la polla, os voy a colgar de los huevos, vais a ir a la puta calle porque para lo que hacéis contrato a cinco becarios que me salen más baratos o ¿cuándo te has ido de putas con el cliente para dirigirte así a él?”. Toma. Te quedas muerta! Era parecido a Antúnez de Camera Cafe pero con más mala leche que un marica cojo (con todos mis respetos a los gays).

En las reuniones con los clientes, no les hacía ni caso, se ponía a jugar con la Blackberry y cuando salíamos siempre comentaba “estos son gilipollas”. No respetaba a nadie, estaba muy pero que muy pasado de vueltas. Tanto que temíamos que sacara la espada de taichí que decía tener en un armario y se liara ahí en plan el asesino de la catana o Kill Bill: uuuuuuuuuuuhhhhhhhhhhhhh ñaca!

Un día tuvimos un malentendido con un cliente. Llevábamos varias semanas trabajando un compañero y yo sobre el informe anual. El cliente nos envió varias veces una parte de la información que necesitábamos para el informe, lo modificamos otras tantas y al final, cuando le pasamos el último borrador, el cliente se mosqueó porque no eran los datos correctos. Mi querido jefe sin preguntar, se dirigió a nosotros furioso y por supuesto no nos dejaba defendernos. Los gritos eran insoportables y yo me cansé, me cansé de aquello y le mostré los emails en los que el cliente nos daba los datos que se incorporaron al último borrador; y comprobó que nosotros cambiamos esos datos por indicaciones del cliente y estaba correcto, que si ahora eso estaba mal según nuestro cliente, era porque el que no se aclaraba era él. Avergonzado por las evidencias y por su ridículo, cogió el teléfono de la mesa que había frente a la mía que no utilizábamos. Semanas atrás, yo cambié el teléfono que había en esa mesa por el mío que estaba castaña, así que me instalé el bueno y dejé sin enchufar en la otra mesa el roto. Enrritado, marcó el número del cliente presionando fuerte las teclas y, claro, como era de esperar aquello no funcionaba, colgó y volvió a marcar nuevamente ante la atenta y pícara mirada de todos. La tercera vez que marcó, imploraba a gritos que el cliente le cogiera la llamada, pronunciaba su nombre pero nada. Se lio a dar ostias al teléfono “Esto es una puta mierda! No funciona!!!!!!!!!!!!!!!! Me cago en la puta!!!!!!!!”. Tiró el teléfono contra la cristalera de su despacho y se metió dentro para llamar desde allí. Comenzó a hacer aspavientos y a hablar como la niña del Exorcista. Después de varios episodios de maldiciones, intensos recuerdos de la madre que parió al cliente y demás joyitas, consiguió dar con él y nuevamente comenzaron las descalificaciones. En fin… Que uno es testigo de estas cosas y no sabe bien qué coño pinta este tipo de gente jodiendo el mundo.

El segundo socio en cuestión, era el Miniyo del pirao. En las reuniones siempre siempre apoyaba las gilipolleces de Humphrey, aunque ya hubiera dado su opinión al respecto y fuera diferente, por cierto, al ejecutivo o al jefe de cuentas. En fin… y es que, como a los demás, el pirao le tenía acojonado y se iba por la pata abajo, pero de verdad. Una de mis compis junto con sus colegas, analizando sus deposiciones, llegaron a la conclusión de que el Miniyo cagaba de pie porque aquel desaguisado era imposible si ponía el culo en el agujero.

Bueno, bueno, bueno ¿y el otro socio que queda? Lo de este ya era de cámara oculta. Venía un par de veces a la semana a la oficina porque se dedicaba a sus cositas y negocios (qué sabe nadie). Pero esos días que venía eran los peores de la semana, al menos para mí que lo tenía muy muy cerca. Tiraba los periódicos y demás papeles al suelo mientras hablaba por teléfono en tartaja, canturreaba mientras ponía orden a su despacho y, de vez en cuando, levantaba su nalga derecha, se tiraba un pedo y seguía canturreando. No se planteaba ni siquiera preguntarnos: “os he dado?” Nada.

Mi paso por allí tenía fecha de caducidad desde el primer ladrido que me dio el pirao de Humphrey y como yo, uno a uno fuimos saliendo de aquel manicomio toda la plantilla de curritos.
Encontré otro curro, y lo que encontré allí fue más desolador de lo que había vivido, si cabe. Allí conocí a El Figura nenas daos todas por folladas, El Iluminao, Maicammen Mae Mia y Aigor, todos con menos idea de comunicación que yo de los misterios del apareamiento de la ardilla de lomo plateado. Y me topé con unos compañeros casi inaccesibles, herméticos y con un sentido del humor muy diferente al mío. Me costó mucho adaptarme a ese ambiente y me convertí en una amargada. El trabajo no me gustaba, no me dejaban libertad para nada y cuando me la daban, las decisiones estaban mal tomadas, aunque el cliente quedara contentísimo y los resultados dejaran claro el éxito de la acción. El desenlace de esta historia se puede intuir…

Ahora mismo estoy inmersa en un proyecto muy duro. Es muy difícil y nos está costando mucho trabajo, enrritaciones y sacrificio pero tenemos mucha ilusión y ganas. PODEMOS!!!! Y en cuanto a los jefes de esta banda, sin comentarios…

domingo 1 de febrero de 2009

Días de nieve y...



Después de tantas semanas sin aparecer por estos barrios, pensé en hacer una crónica y contar un poco dónde he estado metida, cómo, cuando, por qué, con quien o con qué... Durante estos días he querido escribir sobre muchas cosas pero no he sido capaz de sacar tiempo. Ayer estuve todo el día pensando en un título para el post que iba a escribir, “Crónica de la ausencia”, pensé. Hablaría de las anécdotas de estas semanas que he estado fuera de cobertura. Sin embrago, la nieve que está cayendo esta mañana en Madrid me ha recordado a la nevada de hace unas semanas. Entonces quise escribir un post sobre ese día, porque ese día quedará siempre en mi memoria.

Salí de casa temprano, había quedado con mi compi para ir al trabajo y, cuando me dirigía a recogerlo a su casa, me topé con una imagen que jamás pensé que vería: un coche de guardias civiles, con todas y cada una de sus luces puestas, y dos guardias dentro de una rotonda tirándose bolas de nieve… Se lo estaban pasando pipa, los tíos. Y yo me quedé de piedra o, mejor dicho por acompañar al día, de hielo. No supe reaccionar, no fui capaz de coger mi móvil y grabar aquella estampa. Que luego lo pensé y le habría hecho un favor al cuerpo ahorrándoles el Christmas de felicitación a la Casa Real con aquella imagen… Cuando reaccioné no podía parar de reír, es que aquello superaba a todos y cada uno de los chistes de la Guardia Civil que pululan por el mundo y ya no quiero contar cuando compartí con las personas humanas aquella visión mía. Solo habría faltado que hubieran sacado la pipa y hubiesen jugado a tiro a la bola de nieve. Que estos son así. Y ya visto lo visto…

Llegamos al trabajo con sumo cuidado porque, aunque la carretera aún no tenía nieve, si que el hielo se hacía notar. Algunos valientes quisieron desafiarlo y, claro, pues ya os podéis hacer una idea de lo que ocurrió: uuuuuuuuuuuuuuuuuhhhhhhhhhhhhh, que se va, que se va, que se va, uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuyyyyyyyy! Pero la cosa se fue poniendo peor, según avanzaba el día, así que decidimos volver a casa y trabajar desde allí… Aunque esa mañana, trabajar, lo que se dice trabajar, trabajamos poco. Ya en casa, decidimos salir a la terraza, sorprendidos por la cantidad de nieve y poseídos por un instinto infantil que nos llevó a entretenerlos tirando bolas de nieve por la terraza, intentando acertar con los autobuses urbanos pero sin éxito. Pero lo mejor fue cuando el Curru llegó a casa. Se había quedado atrapado en la carretera y, cuando llegó a zona segura, se desquitó haciendo unos derrapes por la solitaria y blanca avenida, emulando al peor Carlos Sainz. Pensamos que en cualquier momento el coche se le iba a ir hacia las jardineras, situadas en la mitad de la avenida pero que apenas se intuían, y ya me veía yo por la terraza gritándole: “¡Curru, trata de arrancarlo! ¡Por Dios, trata de arrancarlo!”.

Joe, lo pasamos genial. Al día siguiente, el Curru y yo fuimos a hacer la compra. Cuando volvíamos a casa, cuatro policías locales emulaban a los dos guardias civiles del día anterior. El Curru dio una vuelta de más a la rotonda para poder sacar una imagen de aquello con el móvil pero creo que se dieron cuenta y dejaron sus jueguecitos para otro momento en el que no tuvieran tanto público.
Seguro que hoy podré sacar alguna imagen que compartir y comentar. Por si las moscas, tengo la cámara preparada...

martes 23 de diciembre de 2008

La loteria





Ay, cómo me las maravillaria yo... pa que me toque la lotería! Bueno, pues otro año más que nos vamos de vacío. Desde aquí mis felicitaciones a los agraciados. Yo, seguiré buscando la suerte. Cada año, en septiembre hago un pedido a la Bruja de Oro de Sort para la familia y amigos, siempre con la ilusión intacta y convencida de que me va a tocar. Además cuando el anuncio lo protagonizaba el calvo, estaba segura de que había química entre nosotros y que iba a soplar las bolas del gordo en dirección Valdemoro. No fue así, pero no perdí la esperanza y continuamos con la misma rutina de todos los años: la aradio puesta (la SER, por supuesto), los décimos encima de la mesa y con los nervios nerviosos. Ayer casi me da un yuyu. Tuve que quitar entre una y cien veces la aradio porque estaba que no podía con la vida. Creo que pude perder el conocimiento de no ser por Javier Coronas, que alteraba la monotonía de los cánticos de los Niños de San Ildefonso con sus ocurrencias. Dios mio, fueron saliendo premios y cada vez me iba hundiendo más en la silla, pero con la sonrisa impecable y la carcajada a punto. No me dejó indiferente la entrevista de Francino a un empresario (ficticio) que relataba cómo se fueron yendo los trabajadores de su empresa después de que les hubiera tocado la lotería hace un año:

F: Buenos días
E: Buenos días
F: Cómo es que no le tocó a usted también?
E: Po, es que los trabajadore iban a come todos los dia a un ba de mala muerte aquí al lao y claro, yo allí no iba. Po compraron tos allí lotería y tocó. Y uno a uno fueron pasando por el despacho diciendo que si sabía contar que no contara con ellos…
F: Y entonces tuvo que contratar a otras personas, no?
E: Pos no, lo hago yo mismo todo.
F: Usted mismo? Si no es indiscreción, qué actividad tienen su empresa?
E: Po, fabricamo dobladillo de pantalone. Nosotro hacemo el dobladillo y aluego se lo enviamos a la Levi para que lo ponga en lo pantalone.
F: Cuántos empleados tenía usted?
E: 160
F: Y dice que no ha contratado a nadie?
E: No lo hago todo yo. Y me he dao cuenta que los 160 que tenía se estaban tocando los huevos…

En fin… que para acompañar este post os pongo un poco de musiquita güena. Es un enlace de un video que he encontrado por YOUTUBE, la persona humana que sale no soy yo pero podría porque lo mismo me da disfrazarme de Lola Flores, de la Niña la Puebla o Lauren Postigo y mover la bata de cola, cantarme un fandango o presentar a La Piquer desde El Corral de la Pacheca. Lo que yo quería era poner la canción, es de la gran Lola Flores, se llama Catalina Fernández, La Lotera y es todo arte!

Que lo disfrutéis! Y paséis unas Felices Fiestas!
Un besazo a todos

jueves 4 de diciembre de 2008

Con los nervios nerviosos

Cuando se altera el corazón,
hierve la sangre.
Cuando pensar qué pasará
asusta pero lo haces.
Cuando el alma se amedrenta
y los ojos lloran sin consuelo
de impotencia.
El cuerpo tiembla,
la mente no responde,
se atormenta.
Cuando uno no puede más
revienta.

lunes 17 de noviembre de 2008

Hoy quiero confesar...

Soy un poco a la sal y un poquito a la arenaung... Si al final van a tener razón los que dicen que soy medio pantojis, oshhhhhhh qué coraje me da!

Bueno, al lío, que Pablo y Chipsoni@ me han tageado. Y yo, bueno, como no me lo haga a mi misma (uy, cómo suena eso) pos creo que no voy a poder cumplir la parte de tagear a tres personas humanas más. Pero no me importa.

Ahí van mis siete cositas:

- Me encanta sonreir, reir a carcajadas hasta llorar, hacer bromas, contar chistes (a veces cuento los mismos y mis amigos se quejan pero, en la mayoría de los casos, terminan descojonaos jijii), contar historias graciosas, las anédotas me pierden (soy muy afortunada porque me pasan cosas raras a menudo y, aunque haya gente que diga que algunas no se pueden contar, yo siempre las cuento), Los Morancos me robaron la vida hace muchos muchos años y es una de las muchas referencias humorísticas que tengo.

- Soy una enamorada de Irlanda, de su gente, de sus escritores y de su música. Esa tierra me ha dado mucho, aterricé en un momento muy difícil para mí y allí conocí a los que hoy son algunos de mis mejores amigos y a mi familia guiri: Bernie y Lorna. Me emociono recordando ayeres de mis tiempos de estudiante recorriendo las calles de Dublín, Tralee, Cork...

- No me gusta, no soporto que haya gente que me diga lo que tengo que hacer o cómo me tengo que comportar, en definitiva, que intenten organizarme la vida. No me gusta esa gente. Me enrrito cada vez que alguien lo intenta. Y al final termino haciendo lo contrario, por joder. A tomar por culo! Tengo muy mala leche, pero solo me sale cuando me dan por saco.

- No me gustan las Navidades. Lo paso muy mal. Mi padre murió un 4 de enero de hace casi 25 años y no lo he superado.

- Me encanta viajar, conocer costumbres nuevas (a veces me sale el tiro por la culata porque termino haciendo el ridículo por aplicarme el a donde fueres, haz lo que vieres...), conocer gente, hacer afotos, ay, las afotos... filmar en video cada rincón.

- No puedo evitar fijarme en los detalles de cada sitio, de cada persona, de las conversaciones... de todo, me gusta recordarlo todo. Tengo buena memoria, muy buena memoria.

-Me gusta comer, me pierde el cocido que hace mi madre. Las gachas de mi tio Justo, las migas de mi abuelo, las lentejas de mi Curru marido... Me encanta beber, ays, mi Guinness del alma, un lambrusquito, o la cosa esa que traen Pablo y Vir de las Huelvas que está tan bueno y que no sé exactamente a qué sabe porque cada vez que me dan de eso me sabe diferente pero me encanta, el pacharán que hace mi santa madre! Bueno, que me encanta beber, me bebo hasta el agua de los floreros... El agua me encanta, natural, sin gas y del tiempo. Y qué sería beber sin musiquita güena: hago a todo, desde el pachangueo hasta el flamenquito, pasando por mi querido Raphael! Me gusta hacer deporte porque, como diría el Cordobés, hay que tener potencia (y comer jamón). El problema es que desde que estoy con la espalda jodida no puedo hacer casi nada y me enrrito. Con lo que yo he sido con mi metro sesenta y dos! Y no puedo vivir sin mi gente: mi madre y mi familia materna, mi perro Desty, mis amigos y, el más importante: MI CURRU.

Pos na, ahí queda eso. Mis tageos me los guardo para más adelante.

miércoles 5 de noviembre de 2008

Capítulo II: Mi piel de grupo



Al día siguiente, Collette llamó a mi puerta para despertarme. Por un momento, pensé que lo vivido el día anterior era solo un sueño, como aquellas recreaciones que hacía en mi mente pensando cómo sería mi primer día en Dublín. Cuando abrí los ojos me di cuenta de que aquel no era mi cuarto al ver varios posters de Boyzone colgados con chinchetas de colores en las paredes. Definitivamente estaba en Irlanda. Me senté en la cama para terminar de despertarme y comencé a organizar mi ropa en el armario. Cogí unos vaqueros y una camiseta y me fui al baño a darme una ducha para despejarme. Temía bajar a la cocina. Desde el baño se escuchaban voces de varios niños y, entre el alboroto, distinguí las de Martin y Collette.

Me armé de valor y bajé las escaleras con paso firme. Entré en la cocina y todos me miraron sonriendo. Good Moorrrrrrning!!!!!!!! Dijeron todos al unísono. Y Martin me presentó a sus hijos. Eran muy graciosos. Eran dos niñas, una de ocho años y otra de seis; y un niño de dos. Que supe que era un niño dos días antes de volver a Madrid, cuando regresé a casa y estaban bañándole y claro pues se veía perfectamente que era un varón. Y yo me había pasado todo el tiempo diciendo que qué mona la niña pequeña de mi casa, que qué graciosa con esa cabeza tan grande que tenía… (Y es que no es decirlo como verlo, la cabeza era enorme para un crío de su edad, estaba descompensado. Le pesaba tanto que cedía y acababa siempre cayéndose al suelo. Qué lástima! Con el triciclo tenía un peligro tremendo porque si cogía mucha carrerilla con él, se desequilibraba y terminaba por dar vueltas de campana, el pobre) En fin…

Desayunamos todos juntos y después Martin me acercó a la parada del autobús donde me encontré con mis compañeros. Nos pusimos al día de nuestras familias, la casa, nuestra habitación… Llegamos al colegio y nos metieron en varias aulas para hacernos una prueba de nivel (vaya tela) y después de una hora y media, nos dejaron libres con nuestra piel de grupo. Y más de lo mismo: la familia, la casa, la habitación… Nuestra piel de grupo era una profesora de nuestro colegio en Madrid. Tenía treinta o treinta dos años, no más, al menos eso creo, pero por su aspecto juvenil y menudo podría haber pasado por una estudiante más. La mujer intentaba agradar en todo momento, estaba muy pendiente del grupo y ponía todo su empeño porque los cinco estuviéramos a gusto siempre. Nos consultaba las excursiones, nos ayudaba con los trabajos (aunque sus limitaciones del idioma eran muchas), nos recomendaba lugares donde se podían hacer las mejores compras… pero eso había quien no lo llevaba muy bien: P.A. Quien nada más bajar del avión ya estaba poniendo pegas a todo cuanto veía.

Uy, qué aeropuerto más hortera, uy qué feos son los irlandeses, uy un examen, vaya tontería, mi casa? Mi casa es asquerosa (aquí la amiga tuvo mucha suerte porque le tocó la misma familia que había tenido su hermana en años anteriores, una familia excelente, por cierto, dicho por los profesores, miembros de la organización y por su hermana…), uy qué asco de moqueta, uy no nos vamos a quitar a la piel de grupo de encima, uy, a mi me gustaría patearme Dublín, pero sin esta pesada, uy qué asco de sándwich que me ha hecho la familia, uy vaya mierda de excursión, uy mi madre, su novio y yo hemos visitado las ciudades europeas más importantes, uy, yo quisiera volver a casa más tarde, uy qué ganas tengo de volver a España…

La pobre piel de grupo lo pasaba mal, realmente mal. Pero ella era la responsable de nosotros, todos menores de edad, y tenía que mantenerse en su sitio, pero los comentarios de P.A. le afectaban mucho. Fue tanto así que no repitió la experiencia de ser piel de grupo nunca más.
Por las tardes, después de cenar (cenábamos a las 18.00) solíamos quedar para dar un paseo y contarnos nuestras cosas. Un día, P.A. no quiso que le dijéramos a nuestra piel de grupo que habíamos quedado así que nos fuimos a un parque precioso, cerca de la urbanización donde vivíamos. Tenía una explanada de césped gigantesca, donde estaban jugando al rugby unos chavales, un bosque y lo mejor, el césped se podía pisarrrrrr, era todo césped!!!!!! Lo pasamos genial, nos divertimos mucho haciendo el moñas tirados por el césped, contamos chistes… En un momento dado, apareció un hombrecillo extraño: medía no más de 1.50, vestía pantalones bombachos de color marrón oscuro, una camisa en beige y un cinturón enorme. En la cabeza llevaba una especie de sombrero de copa de color verde oscuro y en la mano derecha portaba una campana gigante que iba haciendo sonar según caminaba. Nos quedamos boquiabiertos y mudos ante aquel personaje, que parecía recién salido de un cuento, como El Enano Saltarín. Cuando reaccionamos ninguno podíamos creer lo que habíamos visto, comentamos la jugada entre carcajadas y no dejamos de hacer comentarios graciosos del enanito de la campana. Llegó la hora de marcharnos a casa y, cuando nos disponíamos a salir del parque vimos que la puerta estaba cerrada. Miramos hacia atrás asustados, no quedaba nadie en el parque, se había ido todo el mundo. Joder! El enano ese de la campana nos estaba avisando para que fuéramos recogiendo porque estaba a punto de cerrar. Nos pusimos muy nerviosos. P.A. propuso que atravesáramos el bosque e intentáramos salir por el otro lado. Los demás nos negamos porque se estaba haciendo de noche, nos daba cague atravesar el bosque y, lo más importante, no sabíamos si había otra puerta al otro lado y si ésta continuaba abierta. Pensamos en saltar la puerta del parque. Era lo mejor, nos podíamos apoyar en el cerrojo que la cruzaba y saltar desde arriba, pero con sumo cuidado porque la altura era considerable. Así que lo hicimos de esta manera. Nos ayudamos unos a otros como pudimos y conseguimos saltar hacia afuera, pero lo mejor de aquello fue, que cuando estábamos encima de la puerta intentando saltar y hacernos el menor daño posible, al lado había un semáforo que estaba en rojo y un montón de coches parados. Las personas de los coches alucinaron cuando nos vieron saltar de manera poco ortodoxa y darnos merecidos porrazos en el suelo al caer. Estoy segura de que nunca más volvieron a pasar mejor rato esperando que el disco se pusiera en verde…

Nos lo teníamos merecido por no dejar que nuestra piel de grupo viniera. Quizás ella sabía el propósito del enano de la campana y nos habríamos ahorrado aquel bochornoso momento saltando la puerta del parque. En fin...

Al día siguiente cuando nos la encontramos en el colegio, nos preguntó qué tal la tarde anterior y nosotros, avergonzados (todos menos P.A.) por lo que habíamos hecho, dijimos un bien poco convincente pero suficiente para darse cuenta de que habíamos salido sin que ella lo supiera. No le contamos lo del parque, yo se lo dije semanas después entre risas para quitarle importancia, pero ese fue el momento en que decidió apartarse de nosotros durante nuestras horas libres, nuestra actitud y sobre todo la de P.A., la hicieron sentir que estaba de más entre nosotros, así que sólo nos acompañaba en las excursiones oficiales y en el colegio.

A mí me daba mucho coraje que se apartara de nosotros por aquel episodio y por los comentarios despectivos hacia todo de P.A. Porque a la pobre piel de grupo le hicimos pasar el peor verano de su vida, reconocido por ella misma meses después. Era una buena persona, como he dicho en líneas anteriores, cariñosa, amable, muy meticulosa en su trabajo y con ganas de hacer un montón de cosas para que nosotros disfrutáramos y aprendiéramos.
Su fuerte no era el idioma. Recuerdo el primer día de clase. Cuando llegué a casa, Colette estaba preparando la cena y Martin y los niños jugaban en el salón. De repente, sonó el timbre de la puerta, era mi piel de grupo. Nos había dicho por la mañana que se pasaría por las casas de todos para presentarse a las familias. Y ahí estaba. Yo, que apenas me había quitado la mochila, la vi cuando Martin abrió la puerta. Me saludó, por lo que me vi obligada a hacer las presentaciones.

- Martin, She is my group leader (lo pronunciaba bien)
- Nice to meet you. -Dijo Martin.

Y ella, con cara de no prodigio, se limitó a estirar los brazos y las manos señalándome, después, con el mismo gesto señaló a Martin y después a ella misma; y de nuevo, con el mismo gesto me señaló a mí, después a Martin y a ella misma. Repitió aquello varias veces. Martin esbozó una sonrisa y de aguantar las carcajadas el color rosa de su piel se fue tornando en rojo. Yo no sabía qué hacer, la verdad. Me quedé perpleja ante aquello. Sin embargo, mi piel de grupo parecía orgullosa y confiada de lo que hacía. Así que cuando ella consideró que habían acabado las presentaciones, soltó un Bye bye, Silvia see you tomorrow y se marchó con una sonrisa triunfante.
Martin cerró la puerta de casa, me miró y nos echamos a reír al unísono. Yo busqué en mi diccionario cómo se decía mudo. Y acerté a decirle:

- She isn’t dumb

Martin no paraba de reír. Collette, que estaba en la cocina, salió al escuchar las risas y debió de preguntar a Martin qué ocurría. Y él le debió decir lo siguiente: Cariño, yo pensé que con Silvia nos había tocado la lotería, pero espera a ver a su piel de grupo. Como todos los estudiantes y pieles de grupo sean así, el año que viene cogemos diez y nos los llevamos de gira por toda Irlanda.

Aquello fue tremendo, pero no quedaba ahí la cosa. Era habitual que cuando mi piel de grupo iba a un post office a comprar sellos le dijera: te vendo sellos, y claro, la cara del postofficero era un poema irlandés. Pero bueno, al mirarle la cara de guiri y la mochila, se daba cuenta de que lo que quería era comprarlos y no vendérselos a él.

Así era mi piel de grupo. Muy buena gente pero más perdida con el inglés que cualquiera de nosotros.